Te esperaba

Salo, a ti te esperaba llena de ilusión, pero también de miedo. Llegaste a sanar tantas heridas que tenía, llegaste a salvarme de mi misma, siempre te quise, siempre te anhelé.

La vida me premió con un ser humano excepcional que no creía merecer, llegaste llena de luz a alumbrar esas partes de mí que se perdían en la oscuridad, llegaste con tu ternura y amor a apaciguar el dolor que había en mí, a devolverme la fe, a devolverme lo que años atrás me habían arrebatado.

Te esperaba lista para dar lo mejor de mí, para ser la mejor mamá para ti, y aunque en el camino me di cuenta que era todo un reto ganarme este título, aunque muchas veces me caí y me equivoqué, siempre me levantaste con una sonrisa y con tus ojitos llenos de fe.

Hoy, 7 años después, cuando nos graduamos como mamá e hija independientes, cuando hicimos doctorado en ser el mejor equipo, cuando nos complementamos y conocemos las fortalezas y debilidades de la otra, cuando nos ayudamos, nos hacemos compañía, cuando hemos pasado por tantas cosas maravillosas y otras muy dolorosas, pero todas tan necesarias, 7 años después, me acompañas a esperar esta nueva luz que llega a nuestras vidas.

No soy hermana mayor, no sé exactamente lo que se siente esperar con tantas ansias a un hermanito, pero en estos meses me has enseñado que este es el mejor regalo que podemos darte. Lo pedías con insistencia, tal vez porque tus amiguitas te contaban de sus hermanos, tal vez porque te sentías solita y querías jugar con alguien, tal vez porque tu corazón es tan grande que te alcanza para amar con locura a una personita que es tan nuestra como tuya.

La ternura con la que miras mi pancita crecer, la madurez con la que entiendes lo que está pasando en mi cuerpo y en nuestras vidas, el amor con el que a diario le hablas, le deseas buenas noches, le mandas bendiciones y le dices que la amas. La emoción cuando me dices que ella va a ser tan linda como yo, porque me miras con los ojos del amor y cuando uno hace eso, todo es perfecto, perfecto como tú, perfecto como Amalia.

Amo cada momento de esta etapa que vivo de nuevo, porque ahora hay una personita al lado que se emociona tanto o más que yo, porque te brillan los ojitos al imaginarte como hermana mayor, porque se te nota el orgullo cuando le cuentas a todos que la que está en esa barriguita es tu hermanita, una hermanita que tanto deseaste, que tanto deseamos.

Yo te esperaba a ti llenita de ilusiones, ahora espero a Amalia con más madurez, más sensatez y tanto amor como el que siento por ti. Ahora entiendo cuando decían que el amor no se divide con la llegada de los hijos, el amor se multiplica, el corazón se agranda y los brazos se alargan para abrazarlas a las dos y llenarlas de amor.

Te entrego este regalo, te lo confío ciegamente, desde ya Amalia es una niña muy bendecida porque tiene la mejor hermana del mundo, creo en ti, creo en todo lo que eres y me emociona mucho saber que ella va a crecer con la mejor compañía que alguien puede tener. Eres un ser muy especial y estoy segura que Amalia aprenderá mucho de ti y que ella también llegará a enseñarte cosas nuevas que te complementarán como ser humano, juntas serán invencibles.

 

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Mereces un amor

Mereces un amor que multiplique, no que divida

Mereces un amor que haga, no que prometa

Mereces un amor que al llenar tus ojos de lágrimas sea de felicidad, no de dolor

Mereces un amor que acompañe, no que te haga sentir vacía

Mereces un amor sano, no uno nocivo

Mereces un amor que calme, no que altere

Mereces un amor que te llene de motivos, no de dudas

Mereces un amor que te mire como si fueras poesía

Mereces un amor que inspire.

Pero sobretodo, mereces amarte tanto a ti misma para que cuando esa posibilidad de amor pase ante tus ojos, la tomes sin miedo, con calma y con la plena seguridad de que eso es lo que mereces.

Dejar ir no es olvidar

No hay nada más fuerte que nos enseñe a las buenas o a las malas a dejar ir que la muerte.

El día que supe que mi papá tenía cáncer sentí que sería una prueba dura que se iba a superar, con el paso de los días fui entendiendo que ese nuevo proceso de la vida se llamaba: prepararse para dejar ir, para soltar con amor.

Nunca había sentido tan de frente y de una manera tan dolorosa un proceso tan natural de la vida con el que vivimos a diario pero que a ratos olvidamos: la muerte.

La mente comienza a prepararse, las emociones se agudizan, el amor se purifica más, el tiempo se vuelve más valioso, los pequeños detalles cobran más importancia y aún así nunca te preparas completamente para dejar ir.

En un momento me sentí dueña de una decisión que ya estaba tomada, me rehusaba a aceptar lo inevitable, a pesa de ser tan obvio, a pesar de verlo en sus ojos y escucharlo de sus labios.

Y comienza el viaje hacia la transformación, te aferras con el alma a lo que crees, buscas ser la calma y el apoyo aunque por dentro sientes que te partes en pedazos.

La última vez que me dio un beso y lo miré a los ojos, supe que era el adiós y a pesar de que en ese momento ya no había cabida para las palabras, nos despedimos, él sintió todo mi amor y compañía y a cambio me regaló la última sonrisa que me quedó grabada en el alma.

El día en que falleció agradecí haber estado ahí para acompañarlo en su nuevo viaje, me entregó uno de los momentos más dolorosos y yo lo recibí con gratitud porque entendí que estar a su lado en los últimos latidos se convertiría en un regalo para el resto de mi vida.

A los días de su partida pasé por muchos estados: negación, tristeza, miedo, angustia, gratitud, rabia, amor. Y todos y cada uno de ellos fueron válidos y necesarios para que con el pasar del tiempo mi alma, mi mente y mis emociones cedieran ante la realidad.

Han pasado más de 3 años y no ha habido un solo día en que no haga parte de mí a través de los recuerdos, los sueños, los pensamientos y aunque a veces me permito estar triste, llorar y añorar, ahora siento que lo dejé ir y que eso no significa que lo voy a olvidar.

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Lo que mi yo adolescente diría de mi yo adulta

Si volviera unos 13 años atrás, cuando tenía 15 creo que mi yo adolescente tendría mucho qué decir de lo soy hoy, lo primero que haría sería quejarse por las estrías que hoy cuentan la historia de una mujer que ha peleado con su peso y de una mamá que acepta y ama sus marcas producto de la transformación increíble por la que pasó su cuerpo al ser casa durante 9 meses.

También me reprocharía por las malas decisiones que tomé con respecto a los hombres que elegí como pareja, tal vez por enamoradiza, tal vez porque el proceso de selección era malo, malísimo en muchas ocasiones, pero sobretodo, por falta de amor propio que hace de la soledad algo terrible lo que lleva consigo bajar los estándares de calidad con tal de sentirse acompañada.

Mi yo adolescente jamás me creería que iba a estudiar algo diferente a medicina, daría toda su ropa, maquillaje y bolsos jurando que años más tarde sería doctora, pero creo que mi adolescente, después del shock normal, hubiera entendido por qué nos convertimos en comunicadoras y no en médicos, seguramente aceptaría el hecho de que estaba más acorde con nuestro talento.

Lo que sí creo que le costaría aceptar es que antes de terminar la universidad se convertiría en mamá y que un año después de esto sería mamá soltera, atrás quedaba el cuento de Disney de casarse con el príncipe azul para después tener hijos maravillosos y una vida en pareja de ensueño, con un esposo con una barba perfecta, aliento mentolado todo el tiempo, tierno con los niños, detallista y obviamente más alto que yo. ¿En qué momento iba a pasar eso si la adolescente tenía todo el futuro calculado? Iba a ser así: se graduaba con honores como doctora, iba a conocer a un hombre a la altura de su caos, tiempo después le iba a pedir matrimonio de la forma más excepcional, iba a estar increíblemente delgada y hermosa el día del matrimonio, caminando hacia el altar de la mano de su papá para comenzar lo que en los cuentos llaman “y vivieron felices para siempre”

A cambio de esto, querida yo adolescente, debo decirte que no deberías pasar tanto tiempo pensando y planificando nuestro futuro, ¡no te desgastes! ¿Porque sabes qué? La vida cambia en un segundo, a veces es mejor de lo que pensabas, otras es la versión real de lo que soñabas, en ocasiones es lo opuesto a lo que querías, pero siempre, a pesar de las cosas difíciles que nos van a pasar hasta el día de hoy, siempre será lo que debía pasar, ni más ni menos.

Hagamos un trato, tú sigues tu vida, no te descabeces tanto haciendo que pasen cosas que no deben pasar, deja que la vida te lleve, deja que la vida te vaya mostrando el camino y yo, yo me reconcilio con mi pasado porque al fin y al cabo, aunque no quería ser mamá soltera, amo cada centímetro, cada gesto, cada detalle, cada palabra, cada beso pegajoso y cada abrazo tierno de la chiquita que hoy nos llama mamá.

Soy mamá

La triste realidad de las mamás solteras es que muchas veces nos estigmatizan, cuando nosotras vemos nuestra condición como un gran aliciente para salir adelante, para guerriarse la vida, otros la ven como un obstáculo.

No somos mamás solteras, somos mamás, mujeres con una fortaleza extraordinaria, con una capacidad de manejar perfectamente el tiempo entre todos los ámbitos de la vida, con la sensibilidad necesaria para dar una caricia de buenas noches, pero con la berraquera suficiente para sacar adelante a nuestros hijos criándolos bien.

Soy mamá, orgullosa mamá, también soy mujer, y tengo sueños que no sólo me ayudan a sacar adelante a mi hija, tengo sueños como profesional, como mujer que desea una familia, como mujer que quiere más de la vida, que se reta a ser cada vez la mejor versión de mi misma, que se tiene toda la fe para ser cada vez mejor.

Y soy la orgullosa mamá de una hija bien criada, educada, con valores y muy feliz. Ese es el mejor trabajo del mundo.

Life goes on.

No soy la mujer maravilla

#Family #Love (1)

Si, soy mamá soltera, si, vivo sola con mi hija, si, me las arreglo a diario para cumplir mis roles de mamá, ama de casa, mujer, amiga. He logrado sacar adelante el hecho de vivir sola con mi hija, hacer de las mañanas una locura divertida para retarla a ella a arreglarse rápido y que así lleguemos a tiempo a la guardería, sin dejar pasar la canción matutina, los besos, la peinada, el chocolatico caliente, la empacada de las loncheras, la maquillada, la corrida, los avisos parroquiales de las tareas que hicimos y el plan del día una vez se acabe la tarde. Luego salir corriendo para el trabajo y al final recogerla y empezar nuestros planes de ejercicio para mi, película para ella, comida, tareas, juego y a lo que yo llamo: el ritual de la dormida.

No soy la mujer maravilla, pero con el tiempo he entendido que hay que tener una estructura, no puedo andar por la vida arrastrándola a ella a una improvisación constante, por eso tengo horarios que en la medida de lo posible cumplo, por eso tengo un orden del día, tengo reglas que se deben cumplir como la cepillada de dientes, las tareas, la comida, etc. A la vez ella tiene reglas que ambas respetamos, como el cuento en las noches, la película, las caricias y los masajes y los besos de buenas noches. Aún así, con mis listas, planes y rutinas, entendí que a veces hay que romperlas y volver a empezar, es un constante crecimiento, la zona de confort ya no existe.

No soy la mujer maravilla, soy mujer, lloro, me siento mal, me siento triste, me da cólico y todo, absolutamente todo lo vivo con ella. No siempre logro con éxito aguantar mis lágrimas delante de ella cuando algo me afecta porque no soy la mujer maravilla, aunque he tratado, a veces no logro ponerle horario a mis emociones, o controlar la lágrima que ya está más afuera que adentro.

No soy la mujer maravilla, a veces me rindo ante los encantos de mi cama y rechazo con indiferencia a la alarma, después me toca acelerar la rutina de las mañanas y ella entiende que ese día todo es “a la velocidad de la luz”, a la mamá la cogió la noche, no hay tiempo de peinados elaborados, tocó colita de caballo, porque no soy la mujer maravilla.

Hace poco estuve en un taller de familia donde la trabajadora social me decía que si yo me creía la mujer maravilla, orgullosa le respondí con un seguro: ¡SI!, me miró, me hizo parar al frente y me dijo que repitiera delante de todos: “No soy la mujer maravilla, no tengo súper poderes, no puedo con todo, no soy la mujer maravilla”. Y la verdad es que ese día me di cuenta que no lo soy, aunque muchas personas sin mala intención me lo hayan dicho, si estás leyendo esto y alguna vez me lo dijiste debo decirte algo: lo siento, no soy la mujer maravilla. Soy una mujer berraca, fuerte, apasionada, pero no tengo poderes super especiales, como me dice alguien muy especial, tengo que soltar el remo, porque creerme la mujer maravilla me ha llevado a no aceptar alguna veces la ayuda desinteresada de otros, a echarme encima cargas que no me corresponden, a creer que yo solita soy capaz de llevar el mundo encima, y lo peor, a llegar a sentirme decepcionada de mi misma, a estresarme más de la cuenta porque no me cabe todo en las manos.

Hay que empoderarse de berraquera como dice una mujer que admiro, hay que hacerse cargo de lo que es de uno, hay que vivir la maternidad con amor, con pasión, con energía, con responsabilidad y con diversión; pero también hay que aprender a soltar, a confiar en los demás, a entender que no todo va a salir como lo imaginamos, porque no somos mujeres maravilla.

Ya, lo saqué, siento un respitito en el alma.

Carta a Salito

Salito, mi amor… hay tanto para decirte, tanto para contarte, tanto para enseñarte, pero sobretodo tanto para agradecerte. Primero quiero contarte lo que tu vida significa en la mía, imagina algo que desees, pero no ese brillito de Hello Kitty que viste hace días en un almacén, imagina algo que anheles desde el corazón, algo que siempre está ahí como una semillita que día a día alimentas con amor, con fe, con deseo de tenerlo, algo que de solo pensarlo te estremece, te hace sonreír, te pone a soñar, ¿ya lo tienes? … eso eres tú para mí. Hace poco me preguntabas qué era el amor, Salo, tú sí que me pones a pensar en cosas que dejamos pasar desapercibidas pero que son tan transcendentales, tan del alma que solo alguien como tú vuelve a revivirlas. Esa noche me lo preguntaste después de apagarte la película como consecuencia de no hacer caso a una instrucción, ¿recuerdas?, me decías que si reprenderte también era amor, yo te dije que sí, que eso hacía parte del amor, de un amor tierno, un amor desmedido, un amor paciente y comprensivo, pero también un amor que guía, que corrige y que enseña, Salo, eso también es amor.

A diario haces unos análisis de la vida tan puros, simples y a la vez trascendentales que yo me siento a aprender, a tomar nota, a pensar en todo eso. ¿Recuerdas una vez que sin querer me viste llorando?, ni te interesaba saber el por qué o por quién, solo me dijiste que tú jamás me ibas a dejar sola, que tú me ibas a proteger porque me amabas… Yo en ese momento me preguntaba, ¿y no es eso lo que hago yo contigo?, ese día me enseñaste que en esta relación no hay egoísmo, ni guerra de poderes, ni conveniencia ni mucho menos interés, ese día entendí que lo que me decías con tanto sentimiento era cierto.

¿Te acuerdas del día que me dijiste que si te compraba una paleta y yo te dije que no podía? Salo, ese día de verdad no podía, no tenía… a cambio de una mala cara o una pataleta recibí de ti una sonrisa y un: “bueno mamá, cuando tengas plata vamos y nos comemos la de limón”. Al otro día recordaste que la abuelita te había dado un billetico y me lo diste para que me comprara cositas lindas para mí, yo me derretí inmediatamente, con eso aprendí que estamos en las buenas y en las malas, que en las buenas disfrutamos y nos damos gusto y en las malas nos reímos y seguimos adelante. A veces me angustio porque quisiera darte algo que no puedo, o pagarte esas clases de ballet que tanto anhelas, pero tú siempre comprendes y me regalas tu alegría, otras veces me siento la mujer más feliz porque veo cómo disfrutas de los jueguitos a los que querías ir, o de ese libro que querías tener para leer en las noches. Para ti no hay cosas de marca, o paletas más especiales, o juguetes más bacanos, para ti hay momentos, risas y sencillez.

El sábado que estuvimos en el parque celebrándole el cumpleaños a tu Barbie tomaste tu celular de juguete y me dijiste que era mi papá, que lo saludara, que le dijera que también me pasara a Clarita, me pasaste el teléfono con la ilusión de que hablara con ellos y les contara que Barbie estaba cumpliendo dos años y que habíamos celebrado con torta de plastilina. En ese momentico, con tu carita de ilusión y tu imaginación sin límites, me enseñaste que a los que ya no están con nosotros tenemos que recordarlos con alegría, llamarlos por tu celular de vez en cuando y contarles cómo estamos, decirles que los amamos y que todo está bien. Así como cuando hace meses me preguntaste si el abuelo podía bajar un ratico del cielo para ir al parque a comer paleta, así de simple es, así de bonito los recordamos.

Salo, también aprendí que las mejores discusiones de la vida son las que tenemos sobre cuántos cuentos te voy a leer en la noche, qué película nos vamos a ver por enésima vez (por favor, te juro que si volvemos a ver Frozen le digo a la reina Elsa que me congele), qué le vamos a echar al pan, en cuál columpio te montas tú y en cuál yo, si vamos a correr o a caminar cuando vamos por la calle o cuál murito te vas a saltar, qué canción vamos a cantar mientras nos bañamos, cuál es tu lado de la cama y cuál es el mío, si vamos a ir al arenero o a montar en bicicleta o cuál de tus bebés vas a llevar cuando vamos a salir (porque no nos digamos mentiras, Martín es tu favorito así no se lo digas a Luciana y Emiliana).

Una vez te pisé sin querer, te pedí perdón y me dijiste que siempre me ibas a perdonar porque me amabas. Salo, a diario pienso cómo ser mejor mamá para ti, mejor mujer, mejor amiga; hay noches en que me doy látigo porque me equivoqué, porque tenía que haber sido más paciente, porque debí haberte dado una mejor respuesta, aun así me demuestras que soy la mejor mamá para ti y yo me esmero para hacerle honores a ese título. Me demuestras que en esta relación no hay resentimiento si alguna se equivocó, aquí hay perdón, hay comprensión, hay humildad, así como cuando te castigo porque no te portaste muy bien y después vienes y me dices que me amas, que lo sientes, que mañana no lo vas a hacer y yo te abrazo y te creo.

Salo, cuando tú naciste nacieron muchas cosas en mí, y cada día que pasa me siento más orgullosa de llamarte hija, qué calidad de persona eres, cuántas enseñanzas me has dado, te propongo un trato, ¿nos amamos para toda la vida? prometo estar siempre ahí así como tú lo has estado para mí.

Te ama,

Mamá

Salito y mamá