Soy mamá

La triste realidad de las mamás solteras es que muchas veces nos estigmatizan, cuando nosotras vemos nuestra condición como un gran aliciente para salir adelante, para guerriarse la vida, otros la ven como un obstáculo.

No somos mamás solteras, somos mamás, mujeres con una fortaleza extraordinaria, con una capacidad de manejar perfectamente el tiempo entre todos los ámbitos de la vida, con la sensibilidad necesaria para dar una caricia de buenas noches, pero con la berraquera suficiente para sacar adelante a nuestros hijos criándolos bien.

Soy mamá, orgullosa mamá, también soy mujer, y tengo sueños que no sólo me ayudan a sacar adelante a mi hija, tengo sueños como profesional, como mujer que desea una familia, como mujer que quiere más de la vida, que se reta a ser cada vez la mejor versión de mi misma, que se tiene toda la fe para ser cada vez mejor.

Y soy la orgullosa mamá de una hija bien criada, educada, con valores y muy feliz. Ese es el mejor trabajo del mundo.

Life goes on.

No soy la mujer maravilla

#Family #Love (1)

Si, soy mamá soltera, si, vivo sola con mi hija, si, me las arreglo a diario para cumplir mis roles de mamá, ama de casa, mujer, amiga. He logrado sacar adelante el hecho de vivir sola con mi hija, hacer de las mañanas una locura divertida para retarla a ella a arreglarse rápido y que así lleguemos a tiempo a la guardería, sin dejar pasar la canción matutina, los besos, la peinada, el chocolatico caliente, la empacada de las loncheras, la maquillada, la corrida, los avisos parroquiales de las tareas que hicimos y el plan del día una vez se acabe la tarde. Luego salir corriendo para el trabajo y al final recogerla y empezar nuestros planes de ejercicio para mi, película para ella, comida, tareas, juego y a lo que yo llamo: el ritual de la dormida.

No soy la mujer maravilla, pero con el tiempo he entendido que hay que tener una estructura, no puedo andar por la vida arrastrándola a ella a una improvisación constante, por eso tengo horarios que en la medida de lo posible cumplo, por eso tengo un orden del día, tengo reglas que se deben cumplir como la cepillada de dientes, las tareas, la comida, etc. A la vez ella tiene reglas que ambas respetamos, como el cuento en las noches, la película, las caricias y los masajes y los besos de buenas noches. Aún así, con mis listas, planes y rutinas, entendí que a veces hay que romperlas y volver a empezar, es un constante crecimiento, la zona de confort ya no existe.

No soy la mujer maravilla, soy mujer, lloro, me siento mal, me siento triste, me da cólico y todo, absolutamente todo lo vivo con ella. No siempre logro con éxito aguantar mis lágrimas delante de ella cuando algo me afecta porque no soy la mujer maravilla, aunque he tratado, a veces no logro ponerle horario a mis emociones, o controlar la lágrima que ya está más afuera que adentro.

No soy la mujer maravilla, a veces me rindo ante los encantos de mi cama y rechazo con indiferencia a la alarma, después me toca acelerar la rutina de las mañanas y ella entiende que ese día todo es “a la velocidad de la luz”, a la mamá la cogió la noche, no hay tiempo de peinados elaborados, tocó colita de caballo, porque no soy la mujer maravilla.

Hace poco estuve en un taller de familia donde la trabajadora social me decía que si yo me creía la mujer maravilla, orgullosa le respondí con un seguro: ¡SI!, me miró, me hizo parar al frente y me dijo que repitiera delante de todos: “No soy la mujer maravilla, no tengo súper poderes, no puedo con todo, no soy la mujer maravilla”. Y la verdad es que ese día me di cuenta que no lo soy, aunque muchas personas sin mala intención me lo hayan dicho, si estás leyendo esto y alguna vez me lo dijiste debo decirte algo: lo siento, no soy la mujer maravilla. Soy una mujer berraca, fuerte, apasionada, pero no tengo poderes super especiales, como me dice alguien muy especial, tengo que soltar el remo, porque creerme la mujer maravilla me ha llevado a no aceptar alguna veces la ayuda desinteresada de otros, a echarme encima cargas que no me corresponden, a creer que yo solita soy capaz de llevar el mundo encima, y lo peor, a llegar a sentirme decepcionada de mi misma, a estresarme más de la cuenta porque no me cabe todo en las manos.

Hay que empoderarse de berraquera como dice una mujer que admiro, hay que hacerse cargo de lo que es de uno, hay que vivir la maternidad con amor, con pasión, con energía, con responsabilidad y con diversión; pero también hay que aprender a soltar, a confiar en los demás, a entender que no todo va a salir como lo imaginamos, porque no somos mujeres maravilla.

Ya, lo saqué, siento un respitito en el alma.

Carta a Salito

Salito, mi amor… hay tanto para decirte, tanto para contarte, tanto para enseñarte, pero sobretodo tanto para agradecerte. Primero quiero contarte lo que tu vida significa en la mía, imagina algo que desees, pero no ese brillito de Hello Kitty que viste hace días en un almacén, imagina algo que anheles desde el corazón, algo que siempre está ahí como una semillita que día a día alimentas con amor, con fe, con deseo de tenerlo, algo que de solo pensarlo te estremece, te hace sonreír, te pone a soñar, ¿ya lo tienes? … eso eres tú para mí. Hace poco me preguntabas qué era el amor, Salo, tú sí que me pones a pensar en cosas que dejamos pasar desapercibidas pero que son tan transcendentales, tan del alma que solo alguien como tú vuelve a revivirlas. Esa noche me lo preguntaste después de apagarte la película como consecuencia de no hacer caso a una instrucción, ¿recuerdas?, me decías que si reprenderte también era amor, yo te dije que sí, que eso hacía parte del amor, de un amor tierno, un amor desmedido, un amor paciente y comprensivo, pero también un amor que guía, que corrige y que enseña, Salo, eso también es amor.

A diario haces unos análisis de la vida tan puros, simples y a la vez trascendentales que yo me siento a aprender, a tomar nota, a pensar en todo eso. ¿Recuerdas una vez que sin querer me viste llorando?, ni te interesaba saber el por qué o por quién, solo me dijiste que tú jamás me ibas a dejar sola, que tú me ibas a proteger porque me amabas… Yo en ese momento me preguntaba, ¿y no es eso lo que hago yo contigo?, ese día me enseñaste que en esta relación no hay egoísmo, ni guerra de poderes, ni conveniencia ni mucho menos interés, ese día entendí que lo que me decías con tanto sentimiento era cierto.

¿Te acuerdas del día que me dijiste que si te compraba una paleta y yo te dije que no podía? Salo, ese día de verdad no podía, no tenía… a cambio de una mala cara o una pataleta recibí de ti una sonrisa y un: “bueno mamá, cuando tengas plata vamos y nos comemos la de limón”. Al otro día recordaste que la abuelita te había dado un billetico y me lo diste para que me comprara cositas lindas para mí, yo me derretí inmediatamente, con eso aprendí que estamos en las buenas y en las malas, que en las buenas disfrutamos y nos damos gusto y en las malas nos reímos y seguimos adelante. A veces me angustio porque quisiera darte algo que no puedo, o pagarte esas clases de ballet que tanto anhelas, pero tú siempre comprendes y me regalas tu alegría, otras veces me siento la mujer más feliz porque veo cómo disfrutas de los jueguitos a los que querías ir, o de ese libro que querías tener para leer en las noches. Para ti no hay cosas de marca, o paletas más especiales, o juguetes más bacanos, para ti hay momentos, risas y sencillez.

El sábado que estuvimos en el parque celebrándole el cumpleaños a tu Barbie tomaste tu celular de juguete y me dijiste que era mi papá, que lo saludara, que le dijera que también me pasara a Clarita, me pasaste el teléfono con la ilusión de que hablara con ellos y les contara que Barbie estaba cumpliendo dos años y que habíamos celebrado con torta de plastilina. En ese momentico, con tu carita de ilusión y tu imaginación sin límites, me enseñaste que a los que ya no están con nosotros tenemos que recordarlos con alegría, llamarlos por tu celular de vez en cuando y contarles cómo estamos, decirles que los amamos y que todo está bien. Así como cuando hace meses me preguntaste si el abuelo podía bajar un ratico del cielo para ir al parque a comer paleta, así de simple es, así de bonito los recordamos.

Salo, también aprendí que las mejores discusiones de la vida son las que tenemos sobre cuántos cuentos te voy a leer en la noche, qué película nos vamos a ver por enésima vez (por favor, te juro que si volvemos a ver Frozen le digo a la reina Elsa que me congele), qué le vamos a echar al pan, en cuál columpio te montas tú y en cuál yo, si vamos a correr o a caminar cuando vamos por la calle o cuál murito te vas a saltar, qué canción vamos a cantar mientras nos bañamos, cuál es tu lado de la cama y cuál es el mío, si vamos a ir al arenero o a montar en bicicleta o cuál de tus bebés vas a llevar cuando vamos a salir (porque no nos digamos mentiras, Martín es tu favorito así no se lo digas a Luciana y Emiliana).

Una vez te pisé sin querer, te pedí perdón y me dijiste que siempre me ibas a perdonar porque me amabas. Salo, a diario pienso cómo ser mejor mamá para ti, mejor mujer, mejor amiga; hay noches en que me doy látigo porque me equivoqué, porque tenía que haber sido más paciente, porque debí haberte dado una mejor respuesta, aun así me demuestras que soy la mejor mamá para ti y yo me esmero para hacerle honores a ese título. Me demuestras que en esta relación no hay resentimiento si alguna se equivocó, aquí hay perdón, hay comprensión, hay humildad, así como cuando te castigo porque no te portaste muy bien y después vienes y me dices que me amas, que lo sientes, que mañana no lo vas a hacer y yo te abrazo y te creo.

Salo, cuando tú naciste nacieron muchas cosas en mí, y cada día que pasa me siento más orgullosa de llamarte hija, qué calidad de persona eres, cuántas enseñanzas me has dado, te propongo un trato, ¿nos amamos para toda la vida? prometo estar siempre ahí así como tú lo has estado para mí.

Te ama,

Mamá

Salito y mamá

Nostalgia

Y lo sigo extrañando, en cada detalle, en cada suspiro, con cada palabra, con cada recuerdo. Me duermo mirando allí, en la mesita de noche, la foto de los dos, él,  apoyando su cara sobre la mía y yo, abrazándolo tiernamente; también me levanto y miro hacia la mesita buscando sus ojos, esa mirada tierna y serena que tanta falta me hace.

Y lo pienso, y lo extraño, y a veces también lo lloro. Y lo anhelo aquí, conmigo, en los mejores momentos y también lo quisiera aquí en los días difíciles. Lo quisiera en el día a día, en lo más sencillo y en lo más complejo.

Tal vez no lo necesite, pero a veces siento que no puedo vivir sin el. A veces lo sueño, cerquita de mi, puedo hablarle, abrazarlo, llorar con el; otras veces no es más que un bello y a la vez doloroso recuerdo.

Y lo veo reflejado en cada logro de mi vida, y lo siento en cada latido de mi corazón y lo tengo en cada suspiro.

Nostalgia es lo que siento ahora, que se acerca la culminación de un nuevo logro, nostalgia de no tenerlo  aquí para ver su cara de orgullo y sus ojos encharcados de alegría. Nostalgia, gratitud y amor por todo lo que fue y porque gracias a el, muchas cosas más serán.

Love you, Dad.

Ser mamá de una niña

Entre muñecas, crayolas, cuentos, dulces, canciones y risas, estas son algunas de las razones por las cuales amo ser mamá de una niña:

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1. Son tiernas y mimadas: basta con un gesto y una mirada para derretirse de amor ante su inmensa dulzura.

2. Aman verse como unas princesas, pero también disfrutan de saltar charcos, jugar con arena y armar castillos.

3. Tendrás una pequeña asesora personal: pregúntale a una niña qué vestido te quedará mejor, seguramente ella te dirá cuál es el correcto.

4. Son cariñosas: para cualquier día, pero especialmente cuando estás bajita de ánimo, ellas tienen las palabras correctas para sacarte una sonrisa y mejorar la situación.

5. Son comunicadoras por naturaleza: nunca te aburrirás con ellas, siempre tienen una historia mágica, contada con “pelos y señales” que te envolverá y te hará soñar y fantasear.

6. No son tu príncipe azul, pero si la princesa de tu dulce historia.

7. Son pequeñas mamás: ya sea con sus muñecas, hermanos o hasta contigo misma, siempre querrán cuidar de alguien.

8. Son peluqueras, manicuristas y masajistas: aunque termines como para hacer parte de un circo, siempre te divertirás con sus inventos (tú eres el conejillo de indias).

9. Son detallistas: una flor, la envoltura de un dulce, una piedrita o un pedazo de su chocolate, siempre tienen algo para regalarte.

10. Son tu mano derecha: para hacer una visita, decorar una torta o ir de compras, serán las mejores, siempre dispuestas a ayudar.

Minientrada

Cómo duele y a la vez cómo libera renunciar a aquello a lo que hemos soñado tanto tiempo pero que nos enceguece, no nos deja ver más allá y poco a poco nos roba el alma. Cómo duele y cómo libera volver a amarse a uno mismo.

La medida del amor

Como dijo San Agustín: “La medida del amor es amar sin medida”. Pero, ¿hasta qué momento deberíamos amar sin medida? ¿es sano amar sin medida? ¿el amor puede entregarse en dosis?

El amor definitivamente nos transforma de muchas maneras maravillosas, pero también nos enceguece y en algunos casos, nos distorsiona la realidad. ¿Cuál es el punto perfecto para amar sin perder nuestra esencia?