Para el papá de mi hija

Si hubiera escrito esto hace un año, el resentimiento, el dolor, la mala vibra y la incomprensión se apoderarían de mis palabras, pero hoy tengo mucho que agradecerte, y no solamente por hacer posible que Salo hoy exista, porque eso es fácil y lo hace cualquiera, el hecho de procrear a un hijo. Tengo mucho que agradecerte porque gracias a todo lo que hemos pasado desde que nos separamos he crecido no solo como mamá, también como mujer.

Aunque no era lo ideal, porque ninguna pareja que esté enamorada y espere un bebé quiere que todo termine como terminó para nosotros, era lo que tenía que pasar, si, así, tan segura te lo digo y después de casi 4 años lo creo y me siento en paz con mi pasado, ya no vale la pena entrar a mirar qué hubiera pasado si hubiéramos actuado de otra manera porque hoy somos felices con nuestras vidas.

Hemos pasado por tantos momentos difíciles, unos que la verdad hubiera querido evitar, que por inmadurez sucedieron, te eché culpas que ni eran tuyas, como cuando se murió mi papá y no estuviste al lado para abrazarme, no sabes cuánto te odié en ese momento, ahora que lo pienso, lo que odiaba era que todo hubiera pasado a las pocas semanas de separarnos, cuando no tenía trabajo y para agregarle más drama, cuando nuestra hija estaba cumpliendo dos años y se suponía que era un día especial. Te odié, por no estar donde ni siquiera tenías que estar, ¿pero sabes algo? sobreviví al peor, más doloroso y más confuso día de mi vida, lo manejé tan bien que ese mismo día terminé comiendo helado, sonriendo y cantándole el cumpleaños a nuestra niña, ese día descubrí la fortaleza tan inmensa que me había traído la maternidad.

Y además de entregarte culpas que no eran tuyas, me cargué cosas que no eran mías y en un tiempo sentí que debía ser papá y mamá a la vez, sintiéndome mal cuando no la llamabas, llenándome de ira cuando no me ayudabas a pagar algo para ella, llenándome de rencor cuando a mi alrededor lo que escuchaba era “eso te pasa por ser mamá soltera”, era una contradicción, amaba cada momento con mi hija, pero no quería aceptar todo lo que traía consigo el ser mamá soltera, peleaba con la vida, sentía que era injusta, me costó mucho aceptar, amar y estar en paz con todo lo bueno, lo grande y lo difícil que era tener una hija y no tener pareja.

Ahora veo a Salo cuando habla de ti, cómo le brillan los ojitos cuando escucha tu voz, cómo se emociona cuando estamos bajando para que la recojas, cuando me cuenta lo que tú haces, lo que tú le enseñas, lo mucho que te ama, la veo, la escucho y me emociona porque es exactamente lo que yo sentía por mi papá y porque ahora más que nunca entiendo lo importante que es un papá en la vida de una niña.

Gracias, por hacerme mejor, no sabes cómo me ha forjado el carácter pasar por todo lo que hemos pasado, gracias por mirarme como mamá y no como mujer, porque cuando me miras como mamá veo nobleza y gratitud de tu parte. Probablemente nunca seamos los mejores amigos, pero si nos seguimos mirando el uno al otro como alguien muy importante para Salomé, estoy segura que seremos cada vez mejores y que ella se llevará el premio mayor.

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