El amor en los tiempos de la maternidad

Ser mamá soltera y ser romántica, enamoradiza e ilusa no han sido precisamente una buena combinación, tener una hija y enfrentarme al hecho de querer iniciar una relación trae consigo una variedad de escenarios, algunos de los cuales ya viví:

  1. El chico se enamora más de mi hija que de mí, puede sonar maravilloso al principio, al fin y al cabo como dice mi mamá “el que quiere a la gallina quiere a los pollitos”, pero resulta que en mi caso querían al pollito y hacían a un lado a la gallina y como en un momento le dije a él, no estábamos haciendo casting para un papá para Salo, ella ya tiene uno, yo quería era una pareja para mí, así que: ¡next!
  2. El chico está encantado conmigo, pero no lo convence el hecho de que yo tenga una hija. Si me hubiera dado cuenta de esto antes, hubiera sido un adiós para siempre, el caso es que la cosa es muy clara: soy mamá, no dejaré de serlo, amo a mi hija y no dejaré de amarla, así que el que quiera estar conmigo recibe un 2×1 que con el chico ideal puede llegar a ser lo mejor de la vida. En este caso también fue un: sigue tu camino.
  3. El chico cree amarnos y está feliz de jugar a la casita con nosotras, la realidad es que no tiene ni idea en lo que está metido porque no ha conocido nada más, está feliz con el hecho de que cree tener casa dónde dormir cuando quiera y se siente en un sueño al conocer una mujer con más “#%&* que él. Después de sentirme el macho de la relación tenía que decir: adiós amiguito.
  4. Y finalmente y no menos importante, el chico que ni le interesa mi rol de mamá, mucho menos la niña, obvio hace las preguntas rutinarias pero de ahí no pasa, su único interés es lo que él erróneamente piensa, conseguir sexo sin mucho esfuerzo, al fin y al cabo, este tipo de sujetos piensa que las mamás solteras somos mujeres desesperadas con un letrero en la cabeza que dice: hotel, pase. Y a éste con mucho entusiasmo también le dije: good bye!

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